Zona de barricas de Bodegas Comenge. Foto: autora.
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Una jornada particular en Bodegas Comenge (Curiel del Duero. Valladolid)
Nos acercamos a la vendimia de Bodegas Comenge, ubicada en Curiel del Duero (Valladolid). Una vendimia es también un viaje por la memoria. Entre viñas, barricas y experimentos con levaduras autóctonas, Comenge busca respuestas para el futuro sin renunciar a las raíces. En una de sus botellas, Don Miguel, se rinde homenaje a un antepasado, Miguel Comenge, autor de “La vid y los vinos españoles” (1932), obra indispensable en la literatura vitininícola del siglo XX. Su hijo Jaime decidió fundar Bodegas Comenge (1999) en plena Ribera del Duero.
Comenge es hoy una bodega pionera en la elaboración de vinos ecológicos y en la creación de estrategias innovadoras de adaptación al cambio climático. La zona está rodeada de un paisaje evocador donde se aprecian unas tierras calizas que son idílicas para convivir con las viñas. En Curiel existían tres iglesias, dos castillos y cinco monasterios, estos últimos lograron transmitir una tradición vinícola que se conserva hasta nuestros días en toda la comarca.
Nos recibe uno de los propietarios de la bodega, Álvaro Comenge; también el enólogo Rafael Cuerda, bastante atareado en estos días de vendimia. “Además del calor extremo se nos ha juntado una sequía; aquí no ha llovido nada desde el día 10 de mayo. Antes empezaba a vendimiar la zona más baja de Valladolid y se acababa por la parte de Soria, un mes más tarde. Ahora se está vendimiando en ambas provincias al mismo tiempo».
Desde Bodegas Comenge se contempla un castillo del siglo X, el más antiguo de la provincia de Valladolid (actualmente “Residencia Real Castillo de Curiel”). Su torre es el punto más alto de la provincia. Y los buitres leonados suelen realizar majestuosos vuelos por la zona. Se aprecian también lomas calizas. “La cal y la vid son íntimos amigos. Los mejores viñedos del mundo suelen estar en terrenos calizos, como Borgoña, Burdeos, Rioja, Toscana o la zona de Champagne”, comenta el enólogo Rafael Cuerda. “En las uvas de tempranillo, la cal va a permitir tener un tanino en los vinos mucho más elegante, más fino, menos rústico”, matiza.
Esta marca vinícola es pionera en crear estrategias innovadoras de adaptación al cambio climático
Desde la bodega se aprecia el castillo de Curiel. Hoy el establecimiento hotelero y punto mas alto de la provincia de Valladolid. Foto: autora.
Antes de la vendimia
En Bodegas Comenge la vendimia comienza mucho antes de que la uva llegue a los depósitos. Empieza en el viñedo, en la elección de cada parcela, en la observación del suelo, en la orientación de las laderas y en una manera de entender la viticultura en la que la precisión y el respeto por el entorno forman parte de la misma filosofía. Esta bodega ha puesto en marcha estrategias innovadoras de adaptación al cambio climático, viticultura ecológica y selección de levaduras autóctonas para producir vinos de alta calidad.
En Bodegas Comenge el cambio climático ha obligado a mirar el viñedo con otros ojos. Así lo explica el enólogo Rafael Cuerda. “Desde 2019 se han plantado nuevos viñedos buscando orientaciones norte y mayores altitudes, con variedades de ciclo más largo y capaces de conservar mejor la acidez”. El objetivo es adaptarse sin perder la identidad del vino. La propia localización de Curiel ayuda. El paisaje es calizo y el viñedo está sometido a una ventilación que favorece el buen estado de la uva. En torno a los 830 metros de altitud, las diferencias de nivel generan corrientes de aire y condiciones particulares.
La vendimia manual es una de las expresiones más visibles de esa forma de trabajar. Las uvas llegan en cajas y pasan por una mesa de selección en la que se apartan los racimos que no cumplen los criterios buscados. Frente a los grandes volúmenes, donde los tiempos obligan a mecanizar buena parte del proceso, aquí la selección adquiere otra dimensión: cada racimo cuenta. No se trata de elegir entre tradición o innovación. La tradición aporta memoria e identidad; la investigación, nuevas herramientas para conservarlas.
Selección manual de los racimos tras la vendimia. Foto: autora.
Investigación dentro de la bodega
La investigación continúa dentro de la bodega. Durante años se han estudiado levaduras autóctonas procedentes de los propios viñedos. Algunas pueden aportar acidez de manera natural; otras ayudan a proteger frente a la oxidación o a limitar determinados microorganismos. La búsqueda tiene una finalidad concreta: disponer de herramientas que permitan elaborar vinos ecológicos y mantener el equilibrio de los mostos en un contexto climático cada vez más exigente.
En las barricas, entretanto, el vino continúa transformándose. La crianza no consiste únicamente en aportar aromas de madera. La microoxigenación lenta favorece la evolución de taninos y otros compuestos y contribuye a construir la textura final. El tipo de roble, su procedencia, el grano y el tostado forman parte de un proceso en el que cada decisión deja su huella.
También la historia de la Ribera del Duero aparece en la copa. Los antiguos viñedos mezclaban variedades blancas y tintas, y los claretes y rosados formaban parte de la tradición de la zona. Entre las parcelas conservadas por Comenge destaca una plantada en 1921, con albillo mayor y tempranillo, testimonio vivo de una manera de cultivar que hoy permite recuperar matices del pasado.
Los viñedos de Comenge sobre tierras calizas una combinación natural idónea-para poder realizar unos vinos de gran calidad. Foto: autora.
Sombra inteligente a la vid
“Esos paneles que véis además de generar energía, lo que hacen es provocar un sombramiento inteligente a la vid”, señala Rafael Cuerda: “Esa parte del viñedo está completamente sensorizada, tanto suelo, estación meteorológica y sensores que miden el estado de la planta internamente. Es tecnología específica de última generación, y en función de la temperatura y el estado hídrico de la planta, va a modular la sombra”. “Hemos conseguido bajar 10 grados la temperatura media en esa zona del viñedo; a nivel de calidad de uva es muchísimo mejor. No vamos a llenar todos los viñedos de placas solares, sería un poco disparatado, pero sí que ya estamos pensando en instalar sistemas plegables que nos permitan, en un momento determinado, extender esos toldos y sombrear, en determinados momentos del día, el viñedo. Ahora mismo se empieza a ver una necesidad clara de bajar la temperatura de las plantas”, enfatiza el enólogo.
Selección de vinos de Bodegas Comenge. Foto: autora.
Viticultura respetuosa, vinos excelentes
“Estamos en un sitio tan especial, tan bonito, que decidimos apostar por una viticultura completamente respetuosa con el medio ambiente y actualmente todos nuestros viñedos que cultivamos, casi 89 hectáreas, están certificados como cultivo ecológico. Los empezamos a trabajar desde el año 2006, fuimos pioneros en esta región y estamos encantados con el resultado”, comenta Álvaro Comenge.
Algunos de los vinos excelentes que elabora la bodega son: “Familia” (tempranillo), “Don Miguel Comenge” (tempranillo y cabernet sauvignon), “Jacobus” (tempranillo y merlot), “Carmen by Comenge” (albillo mayor, tempranillo, garnacha y valenciana), Comenge Albillo Mayor, Colección Comenge Verdejo y Comenge Vino de Nieva (verdejo).
Los vinos de Ribera el Duero, por normativa del Consejo Regulador, deben estar elaborados con un 75% de tempranillo. También permiten un 25% de otras variedades, como cabernet sauvignon, malbec, merlot y garnacha.Albillo mayor, variedad autóctona de Ribera el Duero, también puede tener hasta un 5% en Ribera.
Actualmente se encuentra en estudio la variedad syrah. “Existe un debate sobre si es bueno seguir manteniendo un mínimo de un 75% de tempranillo o se pueden aumentar otras variedades complementarias que tengan más acidez. El clima cambia y por la normativa hay que adaptarla a las nuevas características de las uvas”, opina Rafael Cuerda.