Eva Fernández está ilusionada con su bodega Aleva, iniciada junto a su padre Alejandro Fernández. Foto: bodega ALEVA.
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ALEVA busca conservar la esencia de Pesquera con un toque más moderno. El último proyecto de Alejandro Fernández es una combinación de la tradición familiar con un enfoque innovador para crear un vino fresco y elegante. “Nos quedamos fuera de todo y volvimos a empezar”
El santo y seña para poder encontrarse con la última lección magistral del recordado bodeguero Alejandro Fernández se llama ALEVA. En estas cinco letras está reflejada la estrecha colaboración entre Alejandro y su hija Eva en un nuevo proyecto iniciado en 2019. Una bodega con la esencia de Pesquera, “de la que saldrá un vino mejor que los que he hecho antes”, vaticinó Fernández. El próximo mes de mayo se cumplen cinco años de su fallecimiento. Hablamos con su hija Eva de su vida y de su audaz visión sobre el viñedo y las elaboraciones que protagonizó, reconocidas con la máxima puntuación Parker en los años 80.
Hoy su legado respira en ALEVA un proyecto íntimo y valiente que su hija, Eva Fernández, ha decidido continuar desde la esencia más pura: la del trabajo compartido, la memoria viva y la fidelidad a una forma de entender el vino.
Con este nuevo proyecto, Eva Fernández combina tradición familiar con un enfoque innovador para crear un vino fresco y elegante. Foto: bodega ALEVA.
G.S. Háblame de ALEVA. ¿Qué significa este proyecto para tí?
E.F.: Si estoy en este proyecto es por mi padre. Siempre he estado a su lado, desde pequeña, elaborando vino. Para mí, hacer vino es mi forma de ver la vida. ALEVA es el último proyecto que hice con él. A mí me encantaba estar en mi pueblo y recuerdo llegar a casa, dejar la cartera e irme con él a las viñas. Y luego ya, a última hora, hacer los deberes. Para mí hacer vino es mi forma de ver la vida.
G.S. ¿Cómo nace ALEVA?
E.F.: ALEVA es el último proyecto que elaboré con mi padre. Yo empecé a trabajar con él como enóloga en 1993 y hemos estado juntos hasta el final. Los dos nos dedicábamos a elaborar vino en las cuatro bodegas que tiene el grupo que mi padre fundó. Cuando mi padre y yo salimos del Grupo Pesquera fue en el año 2016 y nos preguntamos ¿qué hacemos ahora?. Y entonces buscamos una bodega en la Ribera del Duero, en Roa, para continuar haciendo vino. Porque era lo que los dos sabíamos hacer, no sabíamos hacer otra cosa. Era lo que nos daba el sentido a la vida. Y en esta bodega empezamos a elaborar Pesquera Original; la primera añada que sacamos fue la del 2017. Sobre todo, para conservar lo que era la esencia de Pesquera que él siempre hizo. Y a la vez me dijo: «Mira, vamos a hacer un nuevo vino.»
G.S. ¿Tu padre llegó a ver los vinos de ALEVA?
E.F.: La añada de 2020 la hicimos juntos. Pero no la vio terminar. Murió en 2021. Yo saqué esa añada al mercado en 2022. Queríamos un vino más fresco, más actual. Nuestra idea era continuar con Pesquera Original y ALEVA, pero tras el fallecimiento de mi padre me planteé continuar mi camino solo con ALEVA.
G.S. ¿Qué define a ALEVA frente a otros vinos?
E.F.: Queríamos hacer es lo que siempre ha hecho mi padre en el viñedo: trabajar el tempranillo con crianza en roble americano. Pero queríamos darle un toque más fresco, un vino muy agradable al paladar, sutil, elegante, más versátil… un vino que puedas beber con todo o incluso solo. Y algo muy importante: mi padre decía: “tenemos que hacer un vino que guste a los jóvenes”.
G.S. Según comentas, tu padre ya veía venir el bajo consumo juvenil. Supongo que también el cambio climático…
E.F.: Sí, también. Elegimos una viña en altitud, en el páramo de San Martín, en Roa, donde puedes conservar un poco más la frescura de la uva. Y ahí estoy con mucha ilusión. Para mí significa mucho ALEVA porque aparte de todo lo interesante que hay detrás de este proyecto, me ayuda a salir día a día adelante. Y así seguir teniendo ilusión.
¿G.S.: Cómo está siendo la acogida del público a este proyecto donde está el trabajo de los dos?
E.F.: La bodega ALEVA está arrancando. Todos los comienzos son duros y la marca todavía no se conoce demasiado. Hay que darla a conocer, probar sus vinos. Sí que es cierto que la gente cuando los prueba repite. Entonces, para mí eso es la mayor satisfacción. Aleva Crianza del 2023 produce cerca de 20.000 botellas. Aleva Selección es una selección especial de la misma parcela, con un cuidado y una crianza más larga; de 30 meses. Se producen 1.200 botellas.
Yo lo elaboro y comercializo. Mi bodega es pequeña, de momento. Comercializo sobre todo a nivel nacional, el 60%; el resto exporto a Estados Unidos, México, Puerto Rico, Panamá. Voy poquito a poco. Quiero que ALEVA siga su camino. Que la gente conozca sus vinos, que les sorprenda. Que los valoren y los descubran. Yo quiero hacer bien las cosas. En ALEVA está condensada toda la sabiduría de mi padre en la viña y en la bodega.
G.S. ¿Dónde se pueden encontrar los vinos de ALEVA?
E.F.: En Madrid, sobre todo en tiendas especializadas (Lavinia, Vinalium, Reserva y Cata, la Casa de Daniel Manzano,) y en restaurantes como Telégrafo, Zalacaín, Urrechu Velázquez, o Catapa.
Alejandro Fernández y Eva decidieron emprender un nuevo proyecto en Roa, Aleva, con el indudable sello de la estrecha colaboración entre padre e hija. Foto: ALEVA.
Reconciliación
G.S. Supongo que no te apetece hablar de las desavenencias familiares, tras la ruptura y la formación del nuevo grupo de bodegas Fernández Rivera….
E.F.: Prefiero no hablar de ello, en muchas familias surgen problemas.
G.S. ¿Dejas la puerta abierta a la reconciliación?
E.F.: Yo sí. Mi padre así lo hizo, abrió muchas veces la puerta para llegar a un acuerdo y yo también. Mi puerta está abierta.
G.S. El próximo mes de mayo se cumplen cinco años del fallecimiento de tu padre ¿Piensas hacer algún homenaje a tu padre?
E.F.: Yo le rindo homenaje todos los días. Le llevo en mi corazón. Está muy reciente todo. Él está muy bien donde está. Él ahora está feliz. Todo llegará. No he pensado en ese homenaje todavía. Tengo que decir que en todos estos años mucha gente me ha parado para hablarme bien de mi padre. Es lo más bonito que me ha pasado.
Estudios de carpintería en Peñafiel:
G.S. ¿Cómo surgió el vínculo de tu padre con las viñas?
E.F.: Mi padre venía de familia de agricultores. La mayoría de la gente de Pesquera tenía su viña que dedicaba para su propio consumo, y había también quien vendían el vino. Y mi padre, desde pequeño, tuvo la oportunidad de ver hacer vino a su familia. Y él continuó porque le gustaba. Dejó la escuela muy pronto, con 12 años, y se marchó a trabajar con mi abuelo como chico de los recados. Ya le veía que tenía inquietudes. Mi abuelo vendió una tierra y le compró una bicicleta para que fuera a estudiar a Peñafiel para aprender carpintería. Inventó una máquina cosechadora de remolacha, un ejemplo de su ingenio y capacidad para generar capital. Con el tiempo fue ahorrando dinero para conseguir su sueño de comprar viñedos y elaborar vinos. Diseñó las bodegas con puente grúa para facilitar el movimiento de las barricas, mostrando así su visión para mejorar la eficiencia en el trabajo.
G.S.: Creo que tu hijo Alejandro, el nieto, podría tomar el relevo en la bodega…
E.F.: De momento, se está formando. Ya decidirá finalmente, aunque está estudiando Ciencias Químicas.Desde pequeño, le hemos llevado a las vendimias. Tiene muy buen paladar y buena nariz para dedicarse a este mundo del vino.
G.S.: ¿Alguna anécdota de tu padre que te marcara?
E.F.: Yo siempre he estado elaborando con él en todas las vendimias desde pequeña. Cuando ya era enóloga, yo estaba en la fase de comprobar, analizar, apuntarlo todo. Él no necesitaba nada de esto. Y me decía: “Tú hazme caso y sígueme. Esto es experiencia. Prueba el vino, y tienes que memorizar lo que ahora mismo estamos probando, para que el siguiente depósito, la siguiente añada, te vengan todas estas cosas a la memoria”. Tenía una intuición brutal. Yo lo analizaba todo. Y con los años te das cuenta de que tenía razón.
Alejandro Fernández, reconocido como uno de los patriarcas de la denominación de origen de Ribera del Duero, fue también el primer bodeguero español en alcanzar la máxima puntuación Parker. Foto: bodega ALEVA.
Respeto a la uva e importancia de la vendimia:
G.S.: ¿Qué has aprendido en todos estos años elaborando vino junto a tu padre?
E.F.: Que nunca sabes lo que te vas a encontrar. Cada vendimia es distinta. Y que hay que respetar la uva al máximo: mínima intervención, paciencia…Yo no clarifico ni filtro. El vino se limpia solo con el tiempo. Todos los años aprendes que cada añada viene de una manera. No sabes lo que te vas a encontrar hasta que no recoges la uva y cómo va a responder esa uva. Y mi padre me enseñó que hay que respetar tanto la uva en el campo como luego, cuando llega a la bodega. O sea, mínima intervención. Yo elaboro vinos que no clarifico, no filtro. Es a base de trabajo, de trasiegos en la bodega. Por eso doy una crianza larga al vino, porque entiendo que el vino se tiene que limpiar por sí solo. Con el tiempo; tener paciencia y ya está. Porque cuando tú intervienes, muchas veces te llevas lo bueno y lo malo.
G.S.: ¿Qué importancia tiene la vendimia?
E.F.: El 80 o 90% del vino lo tienes en el producto que tú recojas en la vendimia. Si fallas ahí, ya no hay vuelta atrás. Mi padre me insistía en que tenía que hacer la vendimia con él y luego ya irme a estudiar. La vendimia era sagrada. La vendimia es lo más importante en la elaboración del vino. El punto de la vendimia es superimportante. Hay que coger la uva en su punto de frescura para dar como resultado un vino elegante, muy fresco en boca, sutil. Que no sea un vino pesado. Para conseguir esto tienes que vendimiar muy bien.
Una imagen panorámica de padre e hija en el viñedo de Roa, del que vaticinó Alejandro Fernández que haría un vino mejor de los que había elaborado antes. Foto: bodega ALEVA.
En Ribera hay que seguir haciendo las cosas bien
G.S.: ¿Qué papel tuvo tu padre en el desarrollo de la Ribera del Duero?
E.F.: Fue uno de los padres de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Cuando empezó, prácticamente no había nada. Y se le reconoció antes fuera que aquí, sobre todo en Estados Unidos. Estaba por entonces la cooperativa Protos, Vega Sicilia y poco más cuando empezó mi padre.Su primera cosecha es la del 72 y la comercializa en el año 75. En el año 82 se crea el Consejo Regulador de Ribera del Duero.
G.S. ¿Crees que Ribera va por el buen camino?
E.F.: Yo creo que sí. Pienso que hay que seguir haciendo las cosas bien. Seguir haciendo buenos vinos e ir todos a una. Hay ciclos y etapas, pero hay que continuar. Hay que elaborar bien. Creo que eso dura en el tiempo.
G.S.: ¿Hay un pulso entre Ribera y Rioja, las denominaciones de origen más conocidas en el mundo?
E.F.: Yo creo que cada uno tenemos nuestro camino. Y hay público para todo. Tanto para Rioja, Ribera, como para cualquier otra denominación de origen, siempre y cuando se hagan bien las cosas. Se pueden hacer vinos buenos en todas las denominaciones de origen.Tenemos la suerte de contar en España con un abanico muy grande de vinos. Y yo creo que es un lujo lo que tenemos en España. Lo más importante es que cada uno haga el vino que le gusta y creer en lo que haces. Cada uno tiene su propio camino y su público; lo importante es hacer vinos de calidad.