‘Los del Camping’ en el Teatro Fígaro: El desternillante safari sentimental (y las dos formas de entender la comunicación) que no te puedes perder. Foto; agencia.
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Lo confieso. Yo fui a ver una comedia sobre unos abuelos, hijos, un camping y unos nietos. Salí convencido de haber asistido a un curso acelerado de etología humana. Como esos documentales donde observan el comportamiento del lince ibérico… pero aquí los ejemplares estudiados éramos hombres y mujeres
Porque Los del Camping, debajo de su apariencia de comedia familiar, es un auténtico safari sentimental.
Todo empieza con una negociación aparentemente sencilla.
—¿Cuánto tiempo nos quedamos este verano con los nietos?
¡Ja! Pobres ingenuos.
Lo que parecía una pregunta acaba convirtiéndose en una tesis doctoral sobre la comunicación de pareja.
La abuela despliega un repertorio digno de una gran actriz. Argumenta. Recuerda. Convence. Insiste. Cambia de estrategia. Hace teatro. Hace memoria histórica. Recupera favores de hace veinte años. Plantea escenarios alternativos. Introduce matices. Vuelve al principio. Sale por otro lado. Regresa. Remata.
El abuelo… el abuelo intenta sobrevivir.
No discute demasiado. No porque no tenga argumentos, sino porque sospecha, con la sabiduría que dan los años, que una discusión con una mujer motivada dura aproximadamente lo mismo que una legislatura completa. Así que opta por una táctica milenaria masculina: contemporizar, negociar, diluir el conflicto y confiar en que alguna fuerza del universo cambie de tema.
No funciona.
Llega la hija. Y ahí ya entramos en otra división.
Madre e hija convierten el escenario en Wimbledon. Peloteo continuo. Réplicas. Contrarréplicas. Emociones. Tergiversaciones, Recuerdos. Culpabilidad. Cariño. Deber moral. Nietos. Vacaciones. Amor. Estrés. Todo cabe en la conversación.
Uno empieza a sospechar que las palabras en realidad son energía renovable.
Mientras tanto, los dos hombres mantienen otra conversación. Dura treinta segundos. Es escueta. Se entienden. Siguen vivos.
El contraste es desternillante.
Los hombres parecen comunicarse mediante frases cortas y silencios estratégicos. Las mujeres convierten cada conversación en una producción de Broadway, con giros de guion, escenas, emociones, entradas y salidas de personajes y alguna que otra interpretación digna de un Goya.
Y, curiosamente, ambas formas funcionan… más o menos.
Las conversaciones cruzadas son todavía más interesantes.
Mariano Peña y Chiqui Fernández capitanean ‘Los del Camping’: Una brillante radiografía humana en clave de comedia sobre el arte de (no) entenderse. Foto: agencia.
El abuelo jamás entra al trapo con la hija. La escucha con una paciencia franciscana. Sonríe. Asiente. Hace como que reflexiona profundamente mientras probablemente está pensando dónde dejó las gafas.
El yerno hace algo parecido con la suegra. Introduce alguna ironía elegante, muy medida, casi con permiso, pero jamás entra en combate abierto. Da la impresión de que existe un pacto internacional secreto entre hombres: con las suegras se dialoga; nunca se invade.
La tensión sigue creciendo. Cada solución propuesta genera un problema todavía mayor.
¿Teletrabajo? Perfecto… pero desde el camping, mientras los abuelos se ocupan de los niños.
¿Ir todos juntos de vacaciones? Maravilloso… así los abuelos pueden encargarse de los nietos durante todo el viaje.
La pobre abuela empieza a comprender que cualquier propuesta acaba teniendo exactamente el mismo resultado: trabajar más.
Y cuando parece que ya no puede pasar nada más……aparece la otra hija desde Escandinavia.
Todos se emocionan. ¡Qué alegría! ¡Toda la familia reunida!
Cinco segundos después descubrimos que ella también viene… a dejar los niños con los abuelos. Ahí el teatro se viene abajo de la risa.
Lo maravilloso es que la obra no ridiculiza a nadie. Simplemente nos pone delante un espejo.
Los hombres aparecemos como esos seres extraños que creemos resolver los conflictos diciendo cuatro frases y esperando que el problema se evapore por evaporación espontánea.
Las mujeres aparecen como auténticas ingenieras de la comunicación: hablan, sienten, representan, dramatizan, negocian, vuelven sobre el asunto, prueban otro camino, ensayan una estrategia distinta… porque, para ellas, conversar también es pensar.
Y los hombres, mientras tanto, hacemos lo que podemos. Escuchamos. Negociamos. Cedemos. Tragamos alguna que otra rueda de molino. Intentamos comprender. A veces lo conseguimos y otras simplemente ponemos cara de «sí, cariño», que es una de las expresiones faciales más antiguas de la humanidad. Y sobre todo damos cariño y apoyo porque entendemos que muchas veces ese desahogo emocional viene de contradicciones no asumidas y un gran sufrimiento interior.
Pero ahí reside precisamente la magia.
Hombres y mujeres no somos mejores ni peores. Somos, sencillamente, las dos caras de la misma moneda. Dos maneras completamente distintas de recorrer el mismo camino. Dos idiomas diferentes intentando contar la misma historia. Y quizá por eso seguimos juntos después de miles de años: porque, aunque a veces parezca que venimos de planetas distintos, en el fondo llevamos toda la vida intentando traducirnos.
Y Los del Camping consigue que nos riamos de todo eso. Primero de los personajes… y cinco minutos después de nosotros mismos. Ese, probablemente, sea el mayor elogio que puede hacerse a una comedia
Teatro Fígaro se ha estrenado Los del Camping
Mariano Peña y Chiqui Fernández lo tienen claro: ha llegado la hora de disfrutar de la vida… aunque sus hijos, interpretados por Ariana Bruguera y Álex Barahona, parezcan empeñados en que eso sea misión imposible.