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Los Montes de Galicia: donde se come de verdad…

Tiempo de lectura: 4 minutos

Madrid tiene muchos restaurantes, sí. Pero hay muy pocos donde uno sale con esa sonrisa de “me he dado un homenaje” y con una satisfacción profunda que solo provoca la buena cocina

Los Montes de Galicia, inaugurado en 1997 por José Espasandín y hoy capitaneado por su hijo Daniel, es uno de esos templos gastronómicos donde cada visita confirma por qué es el restaurante número uno de TripAdvisor en Madrid.

Aquí no vienes a posar, vienes a comer bien. A comer de verdad… calidad y tamaño: y cumplen con una precisión casi matemática. Platos generosos, sabrosos, honestos, y un servicio cercano y directo, de esos que te hablan claro y te atienden con cariño, como si fueras de casa… pero sin invitarte a fregar.

Un Menú Select que se disfruta… y se conquista

Este menú de aniversario es una celebración: tradición gallega, toques internacionales y esa generosidad que hace que siempre acabes diciendo “no puedo más” con una sonrisa en la cara.

Los entrantes: amor a primera cucharada

Todo empieza con la sopa fría de verduras con txangurro, ligera y elegante, la típica sopa que uno prueba pensando “bueno, un aperitivo”, y termina diciendo “¡Oye, esto está buenísimo!”. Un comienzo suave, perfecto para poner el cuerpo a tono y la boca en guardia.

Después llega el foie en reducción de Pedro Ximénez, que es uno de esos platos que no esperas… pero que te atrapa. Delicado, sorprendente, un auténtico lujo disfrazado de sencillez.

Y entonces aparece el pulpo. Pero no un pulpo cualquiera: un pulpo que te deja sin palabras. Tierno, sabroso, glorioso. Ese tipo de plato que convierte cualquier conversación en silencio devoto durante unos segundos.

Los buñuelos de bacalao crujientes cierran esta primera batalla gastronómica: por fuera crujen, por dentro enamoran. Son tan buenos que te hacen replantearte tu relación con las frituras. Y es imposible comer solo uno. O dos. O tres. Aquí se viene a disfrutar, no a guardar las formas.

Otros entrantes fueron la ventresca de atún y el tiradito de corvina igualmente sabrosos.

Los segundos: contundencia gallega con técnica y cariño

Si hubiera que resumir esta sección en dos palabras serían: la carne. La vaca vieja gallega, especialmente el lomo bajo madurado, es una obra maestra. Tierna, jugosa, sabor profundo… y además en esa cantidad justa que hace que pienses: “Bueno, quizá hoy deje un poco”. Spoiler: no lo dejas. Es prácticamente imposible. La carne te mira, tú la miras… y se acaba. Punto.

Pero no todo es carne. La carrillera lacada, las costillas glaseadas, el solomillo con mousse de foie, el bacalao en costra, la lubina de Sichuan, el rape a la bilbaína. Da igual lo que elijas: vas a comer bien. Y vas a quedar lleno. Sin remordimientos. Como debe ser.

El final feliz: postres y maridaje

Aquí te refrescan con un sorbete de limón al cava o te llevan al cielo con una tarta de queso gallego con mango.
Los vinos —tintos, albariño— y la copa de ginebra Miña ponen el broche perfecto a esta historia de amor gastronómica.

Un servicio que es como volver a casa (pero sin que tu madre te regañe)

El servicio en Los Montes de Galicia es directo, cercano, rápido y profesional. Aquí no hay discursos eternos ni artificios teatrales. Te atienden como a una persona: con simpatía, con eficacia y con esa familiaridad que hace que vuelvas una y otra vez. Dan gusto, sinceramente.

Mi historia con Los Montes de Galicia: casi toda una vida

Y aquí viene la parte más personal: conocí el restaurante de joven, yendo con mis padres. Ellos me lo enseñaron cuando apenas empezaban, y desde entonces he vuelto una y otra vez. Década tras década.

He visto cómo el restaurante mejoraba sin parar, cómo afinaban cada plato, cómo el servicio se hacía aún más fluido, cómo crecían sin perder el alma. Y quizá lo más bonito es ver cómo ha cambiado el público: lo que antes era un secreto bien guardado entre madrileños y gallegos casi del barrio, ahora es un punto de encuentro internacional.

Hoy ves europeos, chinos, hispanoamericanos, estadounidenses, gente de todas partes disfrutando del pulpo, de la carne, del marisco, del pescado y de la hospitalidad. Y eso no es casualidad: es la prueba de que Los Montes de Galicia se ha hecho famoso en el mundo, y con motivos más que justificados.

Fotos: Gastroystyle.

Ruperto de Nola
Ruperto de Nola
Cronista Gastronómico

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