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Por Ana Belén Toribio Herrero
Fotos: Gastroystyle
Ha sido todo un placer y una sorpresa regresar al Restaurante Normandie, ahora convertido en Normandie Ondarreta
Hace años estuve y la cocina era de un claro estilo francés; ahora mantiene parte de esa idiosincracia pero se ha convertido en alta cocina.
El entorno es como de ensueño, rodeado de un entorno natural único y unos maravillosos jardines y adecuado también para el disfrute de los más pequeños y los grandes eventos. Nadie diría que nos encontramos a escasos metros de la N-1…
La decoración ha sabido conjugar el buen gusto con el estilo natural y rústico. La cocina de “La Normandie”, tiene una base de tradición vasca (marmitako, alubias de Gernika, merluza con chipirones), pero su impronta personal es la mezcla con ciertos toques de cocina francesa (caracoles, ancas de rana, solomillo Wellington), provenientes de su historia ya que en sus orígenes perteneció a una señora francesa que dirigió el restaurante hasta que a su muerte fue adquirido por Grupo Ondarreta.
Mención aparte merecen sus platos más afamados, como su steak tartar elaborado en mesa a gusto del comensal (deliciosamente preparado y al gusto del consumidor), su merluza rellena de txangurro o sus famosas crepes suzzete al Grand Marnier (por favor qué bien elaboradas… tan buenas como mi memoria gustativa recuerda de la primera vez – siempre pienso yo que se recuerda la primera vez de algo- degustadas en el Restaurante Mastia de Cartagena). Muy similares. Finas y exquisitas.
Un detalle de excelencia es el gusto de disponer de profesionales en el servicio en sala. Se nota en todo y -les digo- es un placer.
Todos los platos que pudimos degustar me entusiasmaron y que fueron: paté de foie al Armagnac; Milhoja de salmón y foie con manzana caramelizada; Canutillos de brie; puntas de espárragos con salmón marinado, queso y gulas; Steak tartar; Lomo a la parrilla fileteado y Crepes suzette.











