En Retama, el Menú Tradición es una oda a La Mancha: técnica de vanguardia para abrazar las raíces más profundas. Foto: Gastroystyle.
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El restaurante Retama refleja el eco de la Tierra y muestro una oda a su Menú Tradición
Existen lugares donde el tiempo no corre, sino que danza. Al cruzar el umbral de La Caminera Club de Campo, en Torrenueva (Ciudad Real) uno comprende que el lujo no es el brillo del oro, sino la profundidad del silencio y la inmensidad de un horizonte que huele a jara y a memoria. Como bien decía Azorín: «La Mancha es una tierra de horizontes infinitos donde el alma se ensancha». Y es precisamente allí, en el corazón de Ciudad Real, donde el restaurante Retama ha decidido embotellar ese paisaje para servirlo, gota a gota, en su nueva temporada.
Mi llegada fue un suspiro de alivio. Tras dejar atrás el asfalto, la pista de aterrizaje privada del hotel parece una alfombra extendida hacia la calma. Pero mi destino no era el golf ni el descanso de sus suites sofisticadas, sino una mesa donde la tradición manchega se despoja de su pesadez para vestirse de seda y técnica. Me disponía a descubrir el Menú Tradición, una propuesta que, por 100 €, promete un viaje de ida y vuelta a las raíces de esta tierra quijotesca.
Dejar atrás el asfalto para saborear el silencio. Un viaje de ida y vuelta al corazón del campo a través de bocados que son pura memoria. Foto: Gastroystyle.
Los paisajes manchegos son el prólogo del campo
La experiencia comienza con «Paisajes manchegos». No es solo comida; es una antología de sabores que resumen el entorno de la Finca. Al probar el «Phoskito» de hierbas y paté de perdiz, uno siente el aleteo del campo en el paladar. Es una caricia técnica que precede a las piedras de asadillo manchego, visualmente poéticas, que estallan en boca recordándonos que el fuego y el pimiento son los pilares de este suelo. Una delicia.
Como escribió Miguel de Cervantes: «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho». En Retama, el que come con pausa, entiende la historia. El crujiente de queso manchego curado y la sopa de escabeche suave son versos sueltos de un poema que honra al pastoreo y a la conserva, elevando lo humilde a la categoría de arte efímero.
Del «Phoskito» de perdiz a unos ñoquis de atascaburras imposibles. Así se reinterpreta el recetario de nuestras abuelas con el sello de la Estrella MICHELIN. Foto: Gastroystyle.
El corazón del menú y la tradición reinterpretada
El Menú Tradición se despliega entonces como un tapiz tejido con hilos de modernidad. El inicio es un guiño cómplice al recetario de nuestras abuelas: el saquito de snack de torreznos y el financier de chorizo son bocados de nostalgia pura. Sin embargo, es el tartar de ciervo y el mojete del S. XXI lo que nos sitúa en la vanguardia; es la caza convertida en delicadeza, el tomate y la cebolla transformados en una estructura etérea que respeta el sabor original pero desafía la gravedad.
Llegado a este punto, la cocina de Retama demuestra por qué ostenta su Estrella Michelin. El torrezno a baja temperatura con su jugo y salsa de gachas es, sencillamente, una revelación. Las gachas, tradicionalmente recias y densas, se presentan aquí como una caricia aterciopelada que abraza la textura crujiente y melosa del cerdo. Es el equilibrio perfecto entre la fuerza del campo y la sutileza del pincel.
Esa armonía se mantiene con la César de perdiz de la finca, donde el polvo de hongos aporta una nota terrosa que nos devuelve al bosque, y la pipirrana de mejillones, un contrapunto marino refrescado por la aceituna crujiente que limpia el paladar para el gran final.
Cuando el talento de Miguel Ángel Expósito y Pity Rojo se une, lo extraordinario sucede. Foto: Agencia.
El cénit del sabor
Los platos principales del menú son una oda al producto local. Los ñoquis de atascaburras son una genialidad técnica: sobre un pilpil de crema de nuez y bacalao caramelizado, el plato tradicional de los días de nieve se convierte en una danza de texturas elegantes.
Para culminar la parte salada, el estofado de ternera se presenta escoltado por espaguetis de ajo negro, espinacas y migas de aceite. El ajo negro, joya de la región, aporta ese regusto dulce y fermentado que eleva la carne a otra dimensión, mientras las migas —símbolo máximo de La Mancha— aportan el recuerdo del pan compartido junto al fuego.
Y aún hay más sorpresas… que prefiero descubras en Retama de la mano de sus maestrosencrearexperienciasúnicas.MiguelÁngelExpósitoyVicenta«Pity« Rojoseunenparacrearexperienciasúnicas.
Hay lugares donde el tiempo danza. Hoy nos sentamos a la mesa de Retama para descubrir cómo el lujo se traduce en respeto al producto y amor al paisaje. Foto: Gastroystyle.
Una pausa necesaria
Comer en Retama no es un acto fisiológico; es un paréntesis de disfrute dentro de la colección Salles Collection. Es entender que la gastronomía es el territorio puesto en un plato. El servicio, atento y preciso, permite que la comida fluya como el agua de una noria antigua: constante, rítmica y revitalizante.
Al terminar, con el sabor de la Mancha contemporánea aún vibrando en las papilas, uno comprende que Retama no solo ha renovado su carta, ha renovado nuestra forma de mirar hacia adentro.
Si buscas reencontrarte con la esencia de lo auténtico, si deseas que el paisaje te hable al oído mientras degustas la técnica más depurada, el Menú Tradición te está esperando.Es tiempo de sentarse, sin prisa, y dejar que La Mancha te cuente sus secretos.