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SUMO Castellana y la sushimorfosis

Tiempo de lectura: 5 minutos

Madrid en agosto tiene un secreto que los madrileños casi nunca contamos

La ciudad, de repente, respira. Se aparca en cualquier sitio, las avenidas recuperan espacio, se tarda un pispas en llegar a cualquier sitio y hasta la Castellana parece caminar un poco más despacio. Es, probablemente, uno de los mejores momentos para redescubrir Madrid.

Y precisamente en ese Madrid más amable hay un restaurante donde el verano parece estar siempre de fiesta: SUMO Castellana.

Confesaré un pequeño pecado gastronómico. Yo iba a SUMO cuando casi nadie hablaba de SUMO. Hace once o doce años era aquel bufé japonés donde, por poco más de trece euros, podías comer una cantidad casi inverosímil de platos. Era divertido, económico y cumplía su función. Pero nadie habría imaginado que aquel restaurante acabaría convirtiéndose en una de las sorpresas gastronómicas más agradables de la capital.

Porque el SUMO de hoy no tiene prácticamente nada que ver con el de entonces.

La transformación ha sido absoluta. Y pocas veces un restaurante consigue reinventarse de una manera tan brillante.

El secreto mejor guardado de la Castellana en agosto. Entre la tranquilidad de la capital y el ambiente cosmopolita, SUMO Castellana se consagra como el paraíso para los verdaderos sushi lovers. Libertad absoluta para explorar sin límites. Foto: agencia.
El secreto mejor guardado de la Castellana en agosto. Entre la tranquilidad de la capital y el ambiente cosmopolita, SUMO Castellana se consagra como el paraíso para los verdaderos sushi lovers. Libertad absoluta para explorar sin límites. Foto: agencia.

La Castellana es donde Madrid cambia de ciudad

Hay algo fascinante en Madrid: basta cruzar unos cuantos kilómetros para tener la sensación de estar en otra ciudad.

La zona de Castellana, AZCA y Bernabéu posee una personalidad propia. Es uno de los barrios más elegantes, cosmopolitas y cuidados de la capital. Ejecutivos, familias, turistas, aficionados al fútbol, gente joven y profesionales de medio mundo conviven en un ambiente sorprendentemente internacional. Uno se sienta en una terraza y escucha tres o cuatro idiomas distintos antes de terminar el aperitivo.

Y SUMO encaja perfectamente en ese paisaje urbano. Es uno de esos restaurantes que, incluso en pleno agosto, mantiene un ambiente animado. Siempre hay movimiento, siempre hay mesas ocupadas y siempre transmite esa sensación de restaurante al que la gente vuelve porque sabe que va a acertar.

Cuando la alta cocina entra en el juego. Platos con el sello del estrella Michelin Carlos Maldonado, materia prima impecable y la comodidad de pedir a un solo clic. SUMO demuestra cómo reinventarse de manera brillante. Foto: agencia.
Cuando la alta cocina entra en el juego. Platos con el sello del estrella Michelin Carlos Maldonado, materia prima impecable y la comodidad de pedir a un solo clic. SUMO demuestra cómo reinventarse de manera brillante. Foto: agencia.

Para los adictos del sushi… esto es el paraíso

Permítanme una expresión poco académica, pero extraordinariamente gráfica.

Si usted es un mendigo del sushi —de esos que siempre piensan «una pieza más y paro»… y nunca paran—, SUMO Castellana es tocar el cielo con los palillos.

La variedad es casi inabarcable. Sushi clásico, creativo, piezas de salmón, atún, pez mantequilla, anguila, langostino, propuestas especiales, sashimis, temakis y una interminable colección de combinaciones que convierten la comida en un pequeño viaje por Japón sin salir de Madrid.

Lo mejor es que no existe esa ansiedad de elegir bien porque sabes que, si un sushi te enamora, puedes volver a pedirlo. Y si descubres otro mejor, también. El auténtico lujo aquí no es la cantidad; es la libertad de explorar.

He comido en magníficos restaurantes japoneses de Madrid y debo reconocer que algunos de los sushis de SUMO Castellana me parecieron incluso superiores a los de establecimientos mucho más caros y prestigiosos. El arroz está perfectamente tratado, el pescado tiene una frescura magnífica y cada pieza demuestra un cuidado inesperado en un restaurante de este formato.

Carlos Maldonado ofrece una estrella Michelin que entra en SUMO

La gran revolución lleva la firma de Carlos Maldonado.

El chef con estrella Michelin ha creado varios platos exclusivos para SUMO y la jugada ha resultado brillante. No son platos de escaparate. Son recetas que aportan creatividad, equilibrio y mucho sabor. Merece la pena pedirlas todas.

Es una forma muy inteligente de acercar la alta cocina a un restaurante donde cualquiera puede disfrutarla sin solemnidades ni precios prohibitivos.

La pantalla que conquista… después de dos minutos

Hay un invento que merece casi una estrella Michelin tecnológica.

Cuando uno se sienta encuentra una pantalla en la mesa. Confieso que al principio pensé: «Ya estamos… otro sistema complicado». Tardé exactamente dos minutos en cambiar de opinión. ¡¡¡Es una idea fantástica!!!

Puedes ver todos los platos con fotografías grandes, leer tranquilamente la descripción, conocer los ingredientes y decidir sin ninguna prisa. La carta deja de ser un listado interminable para convertirse en una especie de escaparate gastronómico.

Pides directamente desde la pantalla —o desde tu móvil si lo prefieres— y te olvidas de llamar al camarero cada cinco minutos.

No hay malentendidos, no hay esperas eternas, no hay «creo que faltaba un plato». La cocina recibe el pedido inmediatamente y los platos llegan con una rapidez sorprendente.

Es cómodo, moderno y tremendamente eficaz. Uno termina preguntándose por qué tantos restaurantes siguen haciendo las cosas de la manera antigua.

Déjese aconsejar

Eso sí: la carta tiene tanta variedad que uno puede quedarse bloqueado. Aquí aparece otro de los grandes valores de SUMO: su equipo.

Los camareros y los encargados conocen muy bien la carta y disfrutan recomendando platos. Basta preguntar: «¿Qué sushi no debería perderme hoy?» o «¿Cuál es vuestro favorito?». Siempre aparece una recomendación interesante. Ese consejo evita perderse entre más de cien posibilidades y convierte cada visita en una experiencia diferente.

Un restaurante para hacerse experto

SUMO tiene algo que muy pocos restaurantes consiguen: invita a volver.

No para repetir siempre lo mismo, sino para descubrir algo nuevo en cada visita.

Me recordó, curiosamente, a Ikea. La primera vez uno entra un poco desorientado. La segunda ya sabe dónde están las cosas. La tercera empieza a descubrir rincones que no había visto. Y al final acaba teniendo sus favoritos.

Con SUMO ocurre exactamente eso. Uno termina haciéndose un pequeño experto de la casa, aprendiendo qué sushi pedir, qué platos calientes nunca fallan y cuáles conviene dejar para la próxima visita. Esa enorme diversidad es, probablemente, su mayor virtud.

Tocar el cielo con los palillos en SUMO Castellana. Variedad inabarcable, producto fresco hecho al momento y un servicio impecable. Si te apasiona el buen sushi, este es el lugar para hacerte un auténtico experto. Foto: agencia.
Tocar el cielo con los palillos en SUMO Castellana. Variedad inabarcable, producto fresco hecho al momento y un servicio impecable. Si te apasiona el buen sushi, este es el lugar para hacerte un auténtico experto. Foto: agencia.

Mucho Japón… y mucho Madrid

SUMO lleva trece años evolucionando y hoy demuestra que un bufé puede ser una experiencia gastronómica de categoría. Producto fresco, cocina al momento, una variedad enorme, tecnología bien utilizada, un servicio excelente y una relación calidad-precio difícil de discutir.

Y todo ello por 27 euros el fin de semana, una cifra que hoy parece casi un milagro gastronómico en Madrid.

El placer de volver

Salí de SUMO Castellana con una conclusión muy sencilla.

Entré recordando un restaurante correcto de hace doce años y salí pensando que acababa de descubrir uno de los japoneses con mejor relación calidad-precio de Madrid.

En agosto, cuando Madrid se vuelve más bello, más tranquilo y más fácil, hay pocos planes gastronómicos tan apetecibles como sentarse en SUMO Castellana, dejar los palillos preparados y permitirse el lujo de ir descubriendo, pieza a pieza, un restaurante que ha aprendido a reinventarse con muchísimo acierto.

Ruperto de Nola
Ruperto de Nola
Cronista Gastronómico

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