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Tan importante como una buena carne es cuidar el carbón y el fuego
Se acerca la primavera y el buen tiempo, aunque en algunos lugares ese buen tiempo está durando todo el invierno. Es tiempo de hacer vida al aire libre, disfrutar el sol y la sombra y volver a colocar la parrilla en su lugar. En familia, con amigos o en pareja, disfrutar de una buena barbacoa o parrillada es un plan perfecto.
Quien más quien menos se suele considerar experto en preparar un buen asado a la parrilla, en elegir la mejor carne, las guarniciones, manejar la cantidad de sal y darles el punto exacto para disfrutar sus sabores. Sin embargo, no todo siempre sale bien, a veces porque se han cometido errores fáciles de remediar y en los que pocas veces se piensa.

Parrilla o barbacoa
Antes de nada hay que distinguir entre barbacoa y parrilla. La barbacoa es similar a una parrilla, pero generalmente portátil y se caracteriza por tener tapa. Para el asado profesional, o casi, de vacuno se usa la parrilla. La diferencia con la barbacoa es que el emparrillado profesional no está constituido por varillas, sino por perfiles en V, que son capaces de canalizar las grasas que se desprenden para que caigan en otro lugar. El truco para que la grasa desprendida no caiga justo debajo de la pieza provocando llamas y humo, los cuales estropearán la pieza, es simplemente dar una inclinación al emparrillado. De esa forma las grasas que goteen correrán por los perfiles y caerán en la parte trasera de la parrilla, donde ni queman la carne, ni nos impiden manipularla.
Es recomendable que exista un sistema que permita regular la distancia de la carne a la brasa. Generalmente se usa un sistema de manivela y polea. Existen parrillas de brasa, que son las más recomendables, y son para exteriores, pero también de gas, para interiores. Dentro de las parrillas de gas, las mas adecuadas suelen ser las de piedra volcánica. El gas calienta las piedras al arder y las piedras son las que transmiten el calor a la carne y provocan la cocción. En todos los casos no hay que olvidar limpiar con un cepillo metálico y sin detergentes la parrilla antes de poner las carnes.
Preparar el carbón
Para conseguir una buena parrillada o barbacoa es imprescindible el carbón que aporta un sabor ahumado único. Es importante tener una parrilla que tenga el espacio adecuado para colocar el carbón, y hay que tener en cuenta la cantidad que pondremos. Si se pone mucho carbón no se logrará que éste se encienda rápido, y cuando lo haga el fuego será muy fuerte y lo único que lograremos es que la carne se queme y no se cocine bien. Lo primero que vamos a ver es la cantidad correcta de carbón, que dependerá del tamaño de la parrilla. No hay que llenarla por completo, lo mejor es llenar la mitad del espacio que tengamos para las briquetas de carbón. Unos 100 pedazos para una parrilla de tamaño medio darán el calor necesario. Para encender de manera correcta es mejor que el carbón este junto, así el fuego se propaga mejor y rápido. Lo mejor es prenderlo con cerillas grandes o un palito empezando por los bordes. Poco a poco el fuego se propagará hasta llegar al medio, hay que dejar que lleguen a estar cubiertas de cenizas para esparcirlas en la parrilla.
Una de las maneras que suelen usarse para prender el carbón es con alcohol, pero esto no es recomendable, ¿por qué? Además de ser peligroso solo va a acelerar el encendido, pero lo único que lograremos es que las brasas duren menos tiempo del que se necesita. Una vez en su punto de combustión, hay que esparcir las brasas de forma correcta. Existen utensilios que ayudan a repartir las briquetas de carbón para que puedan quedar de la manera más uniforme que podamos. Lo mejor será que el carbón quede en una sola capa, este es uno de los mejores secretos del carbón. Es recomendable dejar una pequeña área sin briquetas para que se pueda poner la carne cuando ya no se necesite de un fuego tan intenso. Algunas parrillas tienen dos pisos para que el de arriba esté alejado del fuego.

La clave está en la brasa
Una vez dispuesta la parrilla hay que prestar atención a conseguir la brasa adecuada. Hay que hacerlo en tres fases. Una es el encendido. No deben emplearse sistemas de encendido que no estén homologados. Algunos métodos dan mucho sabor a queroseno. En caso de usar estos sistemas, debe esperarse suficiente tiempo sin acercar la carne, para que la parrilla deje de desprender estos olores, que penetran en la carne y eclipsan los aromas con su desagradable sabor a petróleo quemado.
La segunda es la combustión libre. En esta fase es cuando algunos se apresuran a poner la carne. No hay que hacerlo todavía, el problema es que en cuanto caen las primeras grasas todo sale ardiendo y es un desastre. La tercera fase es la combustión incandescente. Llega un momento en que la parte exterior del carbón ya se ha quemado, pero a través de los poros del carbón, logran penetrar pequeñas proporciones de oxigeno, capaces de sostener la combustión incandescente, sin llama. Aunque caigan gotas de grasa, ya no es tan fácil que salga todo ardiendo. Este es el momento mas estable y mejor para poner las carnes. Esta es una de las claves para hacer un chuletón perfecto. Hay que esperar a que toda la brasa esté cubierta de un poco de ceniza gris sin que el carbón presente aún partes negras. Si se nota que falta o sobra calor, no hay que marear la carne, la técnica correcta es jugar con la brasa, no con la carne. No se lleva la carne a la brasa, se lleva la brasa a la carne.
Algunos problemas: Si el calor de la brasa es insuficiente y suave el resultado será una carne “hervida” seca y sin jugos. Da igual lo buena que sea la carne. Si el calor es suficiente pero al final faltan brasas porque se ha puesto poco carbón, el resultado será un chuletón de vaca con buena apariencia, pero que al trincharlo está claramente crudo y sangrante en el interior. Esto se debe a que nos hemos centrado mucho en la carne, pero poco en la brasa, que es uno de los principales secretos del buen chuletón. Exceso de calor: la carne se “arrebata” como dicen los argentinos, se queda muy asada, incluso quemada por fuera y totalmente cruda por dentro. Es importante dedicarle tiempo a preparar la brasa y no dejarse llevar por la impaciencia de los comensales.
Si deseas más calor puedes colocar más pedazos de carbón encima de los que ya están encendidos, no necesitas agregarle ningún líquido para encenderlos otra vez. Ya que el carbón que tienes encendido hará que el nuevo se prenda. Lo que debes tener en cuenta es que demorará de 10 a 15 minutos para que tengas más fuego.

El punto de sal
Aunque parece un tema menor, usar la sal adecuada y la cantidad precisa puede dar el toque perfecto al chuletón. ¿Se debe salar la carne antes?, ¿se debe usar sal fina, media o gorda? Básicamente para la carne a la parrilla hay cuatro tipos según el tamaño del grano de menor a mayor: Sal fina, sal media parrillera, sal gorda y escamas de sal. Lo más común es usar sal de grano medio que los expertos argentinos denominan parrillera ya que este grano es mas fácil de absorber por las carnes, que el grano grueso.
¿Cuándo debe salarse la carne, en crudo o cocinada? Generalmente se piensa que si se sala la carne en crudo va a perder los jugos y quedarse deshidratada y seca. El preciado jugo de nuestra carne no se escapará si la salamos poco antes, con sal media y sellamos el exterior de la carne con una temperatura mas intensa al principio. Este es un momento clave en la preparación del chuletón ideal a la parrilla. Si la carne es gruesa hay que poner sal por las dos caras. Al principio la intensidad de la brasa debe ser alta, lo que permitirá que sellemos el exterior y retengamos los jugos y luego terminar la cocción a fuego medio a bajo.





