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Aromas que cautivan. Estampas únicas que Formentera ofrece al viajero para conquistarle de una forma singular y es por el olfato
Visualmente, la isla es un espectáculo capaz de sorprender hasta al más escéptico. Son esos pequeños matices, como sus olores reconocibles, los que convierten una visita a Formentera en una verdadera experiencia sensorial. Sus varaderos, su ‘peix sec’, sus salinas, la fresca brisa que corre de lado a lado en la península de Es Trucadors… olores cargados de sensaciones que hacen que recorrer la pequeña de las islas Pitiusas sea un itinerario obligado.
Ya desde que se vislumbra el puerto de La Savina cuando nuestro ferry se aproxima, los sentidos entran en una especia de trance mediante el cual se empieza a disfrutar Formentera de una forma diferente. Todo cambia, todo se ve diferente. La gente de fuera aminora. Lo hace en parte influenciados por el ritmo tranquilo de los locales, que viven su isla como sólo ellos saben.
Los paseos son un despliegue de imágenes. Despliegue de postales en los que los elementos que la componen equilibran el conjunto al que el visitante asiste como espectador de lujo. Color, luz, texturas, sonidos y… aromas. Esos olores en los que, si ponemos atención, nos da una nueva perspectiva de lo que nos encontramos en nuestra visita a la isla.
Las sabinas que pueblan Formentera, con su penetrante a la vez que agradable olor resinoso, invitan a cerrar los ojos en nuestro paseo por cualquiera de sus rutas verdes. Este árbol, ‘primo’ del enebro, desprende un aroma que ahuyenta a los insectos. Esta madera es codiciada por carpinteros y ebanistas para la elaboración de pequeños muebles y utensilios de cocina.
Si hablamos de cocina, nada sintetiza mejor la esencia de Formentera que su característico ‘peix sec’. Este manjar, símbolo de la tradición de la isla, obedece a una búsqueda por conservar el pescado para poder consumirlo en un período más longevo de tiempo.


