El lanzamiento de 1985, tan exclusivo y singular con solo 900 botellas, coincide con el creciente interés internacional por los vinos oxidativos. Foto: agencia.
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Existe una belleza oculta en la uva que sabe esperar. De los campos que visten a España de blanco, nace 1985. Un vino de autor que es, en esencia, un pacto entre la herencia de Serrada y el sol inclemente. Una edición limitada de Diez Siglos donde la técnica se arrodilla ante la naturaleza para embotellar el tiempo puro
«El vino, cuando es bueno, es una armonía de sabores que llega a ser una embriaguez del espíritu».— Giacomo Casanova.
1985 nace de Serrada (Valladolid), en el corazón de Castilla. Surge este vino que es un prodigio que desafía la urgencia del mundo moderno. La clave de 1985 no se halla en la industria, sino en la caricia constante del astro rey; en esa intervención paciente y ancestral que convierte a las damajuanas en guardianas de un tesoro líquido.
120 damajuanas situadas al aire libre, expuestas a la acción del sol y los cambios térmicos de esta zona de Castilla, preservan y transforman el vino de las uvas verdejo. Foto: agencia.
El susurro del vidrio y el sol
Como bien decía Víctor Hugo, «Dios solo hizo el agua, pero el hombre hizo el vino». En la bodega Diez Siglos, este milagro se materializa en 120 damajuanas de vientre generoso y cuello estrecho. Antaño olvidadas como reliquias decorativas, estas piezas de cristal son hoy el escenario de una metamorfosis sagrada.
Expuestas al cielo de Serrada, las uvas verdejos de La Coma Alta abrazan la intemperie. Durante un año eterno, el vino se entrega a la crianza oxidativa, transformándose bajo el pulso de los cambios térmicos y la luz de Valladolid.
«La crianza oxidativa es un ejercicio de paciencia y observación constante. No hay máquinas, no hay atajos. Es un diálogo íntimo con la luz», explica la enóloga Noelia Santamaría.
El legado de la «madre» y el paso de los siglos
Tras su bautismo de fuego bajo el sol, el vino busca el refugio del roble francés por 24 meses. Allí, al estilo de las soleras más nobles, se funde con añadas previas. Cada barrica es una «madre»que amamanta al recién llegado, otorgándole una sabiduría y homogeneidad que solo el tiempo sabe dictar.
Como afirma la enóloga Laura Rubio: «Decidimos honrar nuestro patrimonio con precisión y respeto. 1985 nace del compromiso de dejar que la uva hable, sin prisas».
Un homenaje en cada gota
El nombre 1985 no es un número azaroso; es el latido de la tierra. Es el año en que las raíces de estas vides comenzaron su viaje subterráneo. Para Antonio de Íscar, CEO de la bodega, este vino es un viaje de retorno a los veranos de su infancia, a los patios llenos de damajuanas y a la herencia de sus abuelos viticultores.
«Éste no es solo un vino: es un puente entre lo que viví de niño y lo que hoy construimos. Es un homenaje a las familias que entregaron su vida a la tierra», confiesa de Íscar.
Perfil del elixir: el arte de la complejidad
Este vino es una edición limitada de solo 900 botellas, una joya exclusiva para quienes entienden que, como decía Plinio el Viejo, «In vino veritas»(En el vino está la verdad).
Atributo
1985
Variedad
Verdejo de cepas viejas (La Coma Alta).
Crianza
12 meses al sol en damajuana + 24 meses en roble.
Color
Oro intenso con destellos de ámbar antiguo.
Aroma
Un bosque de almendras amargas, nueces, vainilla y especias finas.
Boca
Redondo, persistente, un equilibrio perfecto entre amargor y acidez.
¿Quienes pertenecen a la Bodega Diez Siglos de Verdejo?
Nacida en 2009, esta unión de 65 viticultores es un faro de excelencia en la D.O. Rueda. Su filosofía es un maridaje perfecto entre la vanguardia técnica y el susurro de la tradición, logrando que cada botella sea una expresión auténtica y sostenible de su paisaje.
Con una bodega equipada con tecnología de vanguardia y guiada por un equipo de expertos, Diez Siglos de Verdejo produce las marcas Diez Siglos, Nékora y Canto 5 (frizzante), reconocidas tanto en el mercado nacional como internacional. Su modelo de producción sostenible y su pasión por la viticultura hacen de cada botella una expresión auténtica de su tierra.
1985 es, en definitiva, el vino dorado que nace del sol, el tiempo y la memoria.